{"id":1240,"date":"2017-09-29T09:30:24","date_gmt":"2017-09-29T12:30:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.impo.com.uy\/revista\/?p=1240"},"modified":"2017-09-20T14:36:26","modified_gmt":"2017-09-20T17:36:26","slug":"nace-el-tango-cancion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.impo.com.uy\/revista\/nace-el-tango-cancion\/","title":{"rendered":"Nace el tango canci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Quiero regresar al momento en que el p\u00e1jaro saltar\u00edn del tango-danza comienza a emplumar, a transformarse en un ente mitad coreogr\u00e1\u00adfico y mitad verbo ideol\u00f3gico, a emitir sus primeros gorjeos memorables. Cuando el lenguaje orillero y popular se convierte en un valor de uso y de cambio a la vez, el tango-danza le abre la puerta al tango-canci\u00f3n. La palabra, que es mitad de quien la dice y mitad de quien la escucha, seg\u00fan expresara Montaigne, y que en este caso es el lazarillo callejero del acriollado lenguaje popular rioplatense, ya no tiene secretos para los descendientes de los inmigrantes transatl\u00e1nticos y de los paisanos arrancados de sus pagos por el \u00e9xodo rural. Esa palabra d\u00factil y oportuna, ocurrente y entradora, desma\u00f1ada y repentista, h\u00e1bil y chambona a la vez, se adue\u00f1a entonces del tango.<\/p>\n<p>De tal modo, el tango primigenio, avasallado por el ritmo gimn\u00e1stico que proven\u00eda de la milonga, se sosiega como un r\u00edo en la llanura, se abre al despliegue oral del pensamiento y del sentimiento, al fraseo de la voz humana que narra la epopeya, el drama y la comedia de los integrantes de aquel pueblo joven, reci\u00e9n amanecido a los quehaceres de un destino que, al fabricarse a s\u00ed mismo, teje como una ara\u00f1a la tela de la identidad, extrayendo de su propio vientre un hilo a la vez sutil y poderoso.<\/p>\n<p>Se ha querido empeque\u00f1ecer el universo signi\u00adficativo del tango-canci\u00f3n limitando sus motivos a las apetencias y falencias del \u00abbajo fondo\u00bb, a las haza\u00f1as de los guapos, a las traiciones de amor, a las desmesuras del machismo, al escaparate de la guaranguer\u00eda. Ese constituye un hemisferio del tango, que por igual se manifi\u00adesta en la inevitable borra de vulgaridad \u2014vulgo signifi\u00adca plebe\u2014 que afecta a la vida cotidiana. Pero al costado y por encima de las letras deliberadamente lunfardeadas del per\u00edodo del cabaret, o del decir tartajoso de la gente del boliche, o de la parla rufi\u00adanesca de letristas que \u2014\u00a1oh paradoja!\u2014 eran generalmente pac\u00ed\u00adficos y bien hablados ciudadanos, corre el agua pura del amor, se abren las \u2011ores sencillas de la alegr\u00eda, brotan los manantiales frescos de la ternura popular. Es cierto que una atm\u00f3sfera general de nostalgia cubre este territorio expresivo. Se trata de la <em>saudade<\/em> de los padres gallegos y del perdido <em>bel paese<\/em> de los padres italianos que recordaban el regazo folcl\u00f3rico dejado tras los mares. A ello se agregaba, del lado criollo, la evocaci\u00f3n de aquellas cuchillas del pago lejano, donde un cielo pur\u00edsimo ca\u00eddo sobre las traves\u00edas que iban de horizonte a horizonte derrumbaba en los campos las primicias de un espacio a\u00e9reo liviano y luminoso como la juventud del mundo.<\/p>\n<p>La melancol\u00eda y la nostalgia no deben ser confundidas con la frustraci\u00f3n y la desesperanza. Lo c\u00f3mico, lo sat\u00edrico y lo l\u00fadicro, lo travieso, lo bufonesco y lo picaresco, est\u00e1n siempre presentes en las letras de los tangos: recordemos solamente el despliegue de gracejo popular que hacen resplandecer Disc\u00e9polo en Chorra y Cad\u00edcamo en Al mundo le falta un tornillo.<\/p>\n<p>Los inolvidables parlamentos dedicados a las carreras de caballos o a la truculenta descripci\u00f3n de caracteres humanos (<em>Garufa, Ni\u00f1o bien, Micifuz, Milonguita, Che Bartolo, Pan comido, Harag\u00e1n<\/em>) tienen su contraparte en las met\u00e1foras seductoras de los tangos l\u00edricos (<em>Oro muerto, Misa de once, Malena),<\/em> en la bienvenida gracia de los po\u00e9ticos (Sur), en el calderoniano lamento de los tr\u00e1gicos (<em>La Cumparsita, Como abrazado a un rencor, Viejo smoking, Esta noche me emborracho<\/em>) o en el negro desencanto de los \u00adfilos\u00f3ficos (<em>Yira, yira<\/em>). Hay una abrumadora mayor\u00eda de tangos referidos a la vida urbana, aunque tampoco faltan los que apuntan a la vida rural (<em>Cruz de palo, El irresistible, A la luz de un candil<\/em>), y con ellos caminan, en legi\u00f3n, los que celebran las virtudes familiares, los que se duelen de las injusticias sociales, los que revelan la eterna lucha entre el bien y el mal.<\/p>\n<p>Los letristas de pie descalzo y los poetas verdaderos han ido de la mano en esta forja de canciones y evocaciones.<\/p>\n<p>Entre los primeros, muchos exhiben un desconsolador primitivismo, una lastimosa incapacidad para la versi\u00adficaci\u00f3n. Pero todos saben calar, desde muy adentro, en lo que el pueblo llano siente y piensa. Existe ramploner\u00eda y groser\u00eda, seg\u00fan se ha ponti\u00adficado desde la escala de valores del \u00abbuen gusto\u00bb, en la mayor\u00eda de esas letras \u00adeles a un modo de ver y expresar que, no obstante los reparos de la academia literaria, son eminentemente aut\u00e9nticos, tanto en los aspectos formales cuanto en los sustanciales. El letrista<em>, primus inter pares<\/em>, interpreta el infuso sentir del hombre \u00abque est\u00e1 solo y espera\u00bb, condensa en rimadas frases hechas la \u00e9tica y la est\u00e9tica de los barrios, redacta breves manifiestos de protesta y memoriales de agravios para denunciar los sufrimientos populares. Y de este modo, gracias a una especie de retroalimentaci\u00f3n que opera como un bumerang ps\u00edquico, la gente descubre en esas letras una serie de f\u00f3rmulas estereotipadas, y por ello inteligibles, sentenciosas, que difunden la voz de los que no tienen voz. Como los ep\u00edtetos hom\u00e9ricos, como los octos\u00edlabos del Romancero espa\u00f1ol, las letras de los tangos, as\u00ed metidas en los entresijos del alma rioplatense, logran el persuasivo acento que asegura su perdurabilidad, aun en estos d\u00edas sordos y ciegos.<\/p>\n<p>Contrastando con la sombra de los escribidores de poca monta, de estos bersolaris chambones, crece la luz de innegables poetas. Manzi, Disc\u00e9polo, Cad\u00edcamo, Catulo Castillo, Ferrer, entre tantos otros, han encontrado en el tango un veh\u00edculo hermoso para expandir sus talentos creadores. De tal modo el g\u00e9nero ha ganado en plenitud y expresividad: la palabra y la m\u00fasica, apoy\u00e1ndose mutuamente, han levantado una ringla de monumentos ilustres, una teor\u00eda de poemas llevados por los brazos de la melod\u00eda hacia una docente vigencia en el alma del pueblo. Empero, este linaje superior de la belleza no le resta verdad ni funcionalidad a los patitos feos de las letras opacadas por un decir inh\u00e1bil y a menudo rampl\u00f3n, seg\u00fan el juicio de \u00ablos de arriba\u00bb.<\/p>\n<p>Ambas, por igual las felices y las chuecas, si lo que cantan y cuentan brota del sistema de signos y s\u00edmbolos de una sociedad que se descifra a s\u00ed misma en un perpetuo juego de ensimismamiento y alteraci\u00f3n \u2014manes de Ortega\u2014, adquieren el sello de un producto de buena ley, la garant\u00eda de un testimonio veraz. Y esto es lo que realmente vale en la est\u00e9tica, la \u00e9tica y la metaf\u00edsica del tango canci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Daniel Vidart.<\/strong><\/p>\n<p>Antrop\u00f3logo, escritor y ensayista.<\/p>\n<p><em>Ha ense\u00f1ado e investigado en la Universidad de la\u00a0<\/em><em>Rep\u00fablica (Udelar) y en instituciones universitarias\u00a0<\/em><em>de Chile y Colombia. Doctor honoris causa de la\u00a0<\/em><em>Udelar, entre otras tantas distinciones a su larga\u00a0<\/em><em>trayectoria profesional.<\/em><\/p>\n<div id=\"gallery-1\" class=\"wpex-gallery wpex-grid wpex-grid-cols-3 wpex-gap-20 wpex-lightbox-group wpex-mb-20\"><figure class=\"gallery-item\"><a href=\"https:\/\/www.impo.com.uy\/revista\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Patrimonio_-Estreno-La-Cumparsita_CDF.jpg\" class=\"wpex-lightbox-group-item\" data-caption=\"Roberto Firpo y su conjunto en La Giralda, Montevideo. A\u00f1o 1917. (Foto: Archivo Matos Rodr\u00edguez. Autor: S.d). \"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.impo.com.uy\/revista\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Patrimonio_-Estreno-La-Cumparsita_CDF.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/www.impo.com.uy\/revista\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Patrimonio_-Estreno-La-Cumparsita_CDF.jpg 445w, https:\/\/www.impo.com.uy\/revista\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Patrimonio_-Estreno-La-Cumparsita_CDF-300x256.jpg 300w\" width=\"445\" height=\"379\"><\/a><figcaption class=\"gallery-caption wpex-last-mb-0\">Roberto Firpo y su conjunto en La Giralda, Montevideo. A\u00f1o 1917. (Foto: Archivo Matos Rodr\u00edguez. 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